Archivos de la categoría 2.3.0.1.1 Machismo

Los micromachismos cotidianos y sus efectos

Origen: EMPODERAR a las MUJERES

Jorge Corsi, dice que “la violencia hacia las mujeres se estructuró socialmente mediante un proceso de invisibilización (falta de percepción social) y la naturalización de la misma (como un medio para “educar” a menores y mujeres)”. Las víctimas no tenían conciencia de que sus derechos eran vulnerados ni había leyes que las protegieran.

Este proceso de invisibilización y naturalización de la violencia lo ha estudiado en detalle Luis Bonino, quien acuñó el término “micromachismos” para describir los “pequeños” comportamientos de violencia cotidiana que ejercen los hombren en la pareja para coartar la autonomía personal femenina, de manera continuada, sutil e insidiosa.

Los define como “pequeños, casi imperceptibles controles y abusos de poder cuasi-normalizados que sin ser muy notables, restringen y violentan insidiosa y reiteradamente el poder personal, la autonomía y el equilibrio psíquico de las mujeres, atentando además contra la democratización de las relaciones. Dada su invisibilidad se ejercen generalmente con total impunidad.” “Son de uso reiterado aún en los varones “normales”, aquellos que desde el discurso social no podrían ser llamados violentos…”

El objetivo de esas conductas sería, según Bonino: ” ejecutan estas maniobras para conservar su posición de género, intentando mantener o reafirmar los lugares que la cultura tradicional asigna a mujeres y hombres: ellos con más derechos a definir la realidad, a la libertad, a tener razón, al uso del tiempo y del espacio, a ser cuidado y a desimplicarse de lo doméstico; ellas con menos derecho a todo ello y disponibles para el varón…Las ejecutan también como una afirmación de su identidad masculina, sustentada en las creencias de superioridad sobre la mujer y de autonomía autoafirmativa con negación de la vincularidad intimista y la reciprocidad.”

Dichas maniobras son casi invisibles por estar naturalizadas y sostenidas por las normas patriarcales de género que les otorga su aval social.

Este autor los clasificó en las siguientes categorías:

1) Los micromachismos coercitivos (o directos) son aquellos en los que el hombre usa la fuerza moral, psíquica, económica o de su caracter, para intentar doblegar a las mujeres y convencerlas de que no tienen razón.

Entre los micromachismos coercitivos, Luis Bonino describe los siguientes:

  • intimidación: Comportamiento atemorizante (mirada, tono de voz) que se ejerce cuando ya se tiene fama de persona abusiva o agresiva. Se dan indicios de que si no se obedece algo pasará.
  • toma repentina del mando: Anular o no tener en cuenta las decisiones de la otra persona, incluyendo tomar decisiones sin consultar, ocupar espacios comunes, opinar sin que se lo pidan o monopolizar la conversación.
  • apelación al argumento lógico: Recurrir a la lógica y a la “razón” para imponer ideas, conductas o elecciones desfavorables para la otra persona
  • insistencia abusiva: Obtener lo que se quiere por agotamiento de la otra persona que al final acepta a cambio de paz.
  • control del dinero: Maniobras para monopolizar el uso o las decisiones sobre el dinero, limitando el acceso de la otra persona o dando por descontado que se tiene más derecho a ello.
  • uso expansivo del espacio físico: Ocupar los espacios comunes impidiendo que la otra persona los emplee.

2) Los micromachimos encubiertos (de control oculto o indirectos) incluyen aquellos en los que el hombre oculta su objetivo de dominio. Algunas de estas maniobras son tan sutiles que pasan desapercibidas, y por ello pueden llegar a ser más efectivas que las anteriores. Este tipo de actuaciones impiden el pensamiento y la acción eficaz de la mujer, llevándola en la dirección elegida por el hombre y aprovechan su dependencia afectiva y su pensamiento “confiado”, provocando en ella sentimientos de desvalimiento, confusión, culpa y dudas que favorecen el descenso de la autoestima y la autoconfianza.

Entre los micromachismos encubiertos, Luis Bonino señala los siguientes:

  • maternalización de la mujer: Inducir a la mujer a dar prioridad al cuidado de otras personas (hijos/as, familiares) promoviendo que ella no tenga en cuenta su propio desarrollo personal o laboral.
  • maniobras de explotación emocional: Generar en la otra persona dudas sobre si misma, sentimientos negativos y dependencia usando dobles mensajes, insinuaciones, acusaciones veladas, chantaje emocional, etc.
  • terrorismo: Comentarios de descalificación (de sospecha, agresivos) repentinos, sorpresivos que dejan indefensa a la otra persona por su carácter abrupto.
  • paternalismo: Hacer sentir a la mujer como si fuera una niña que necesita cuidados.
  • creación de falta de intimidad: No reconocer las necesidades de afecto de la pareja, la resistencia a hablar de sí mismo, invadir los espacios de intimidad de la otra persona, etc.
  • engaños: Desfigurar la realidad al ocultar lo que no interesa que la otra persona sepa.
  • autoindulgencia sobre la propia conducta perjudicial: Eludir la responsabilidad sobre las propias acciones, negarlas o no darles importancia (Hacerse el tonto, “No me di cuenta”, “Quiero cambiar, pero me cuesta”), justificarse apelando a las obligaciones laborales (“No tengo tiempo para ocuparme de los niños”).

3) Los micromachismos de crisis suelen utilizarse para restablecer el reparto previo y mantener la desigualdad de poder en momentos tales como el aumento del poder personal de la mujer por cambios en su vida o por la pérdida de poder del hombre por razones físicas o laborales.

Entre los micromachismos de crisis, Luis Bonino señala los siguientes:

  • seudoapoyo en las tareas de la casa: Se anuncia el apoyo pero sin hacerlo efectivo. Se evita así mostrar una oposición frontal pero no se colabora en el reparto de la carga doméstica
  • desconexión y distanciamiento: Se utilizan formas de resistencia pasiva, incluyendo falta de apoyo o colaboración, no tomar la iniciativa y luego criticar, amenazar con abandonar o abandonar realmente la relación.
  • hacer méritos: Maniobras consistentes en hacer regalos, prometer comportarse bien o hacer cambios superficiales, sobre todo frente a amenazas de separación, sin cuestionarse la situación de base o sus causas.
  • dar lástima: Comportamientos autolesivos como accidentes, aumento de adicciones, enfermedades, amenazas de suicidio, que inducen a la otra persona a pensar que sin ella él podría terminar muy mal.

Posteriormente, este autor reorganiza su propuesta manteniendo las categorías descritas (aunque diferenciando nuevos elementos en algunas de ellas) y añade una nueva, los micromachismos utilitarios que son los requerimientos abusivos hacia la mujer, la no participación en lo doméstico ni en el cuidado de los vínculos y de la familia y la no reciprocidad de cuidado hacia la mujer.
Foto: Photobucket
Pintura: Frida Kahlo

El machismo es cosa de 2

El machismo es un fenómeno cultural que consiste básicamente en la exageración de las características masculinas y la creencia de la superioridad del hombre sobre la mujer. El hombre en la cultura machista, debe reunir determinadas cualidades que entran dentro de un estereotipo.
Entre ellas podemos señalar el ser agresivo, dominante, paternalista, conquistador de todas las mujeres que le rodeen (pero que otro no haga lo mismo con las mujeres que “pertenecen” a su familia, las cuales deben permanecer vírgenes), ser racional y frío y no mostrar sus sentimientos (el desapego emocional es parte de la “superioridad” del macho sobre la mujer); ser autoridad absoluta en su casa y que “su” mujer le obedezca. Brevemente, establecer con su pareja una relación de poder amo-esclava (más o menos pronunciado o disimulado).
Si intentamos una explicación de este fenómeno nos encontramos con que una preocupación excesiva por la masculinidad y la exageración de los rasgos masculinos sólo oculta una falta de seguridad, es una conducta compensatoria.

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El machismo invisible

El machismo invisible y los micromachismos” es un documental que trata de evidenciar aquellas situaciones sociales en las que se produce este fenómeno, a pesar de que éstas están completamente normalizadas. Esta violencia casi imperceptible es ejercida contra las mujeres en todos los ámbitos de la vida cotidiana.

Arma de dominación machista… violencia económica

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No sólo los golpes y las agresiones verbales son violencia, también existen otras formas de maltrato contra las mujeres, y una de ellas es la violencia económica. El abuso económico no es inofensivo, es una agresión que transgrede el derecho fundamental a la subsistencia, el cual, toda mujer debería gozar plena y dignamente.

La violencia económica es una forma de violencia doméstica, donde el abusador controla todo lo que ingresa sin importarle quién lo haya ganado, manipula el dinero, dirige, y es el dueño absoluto de todos los bienes. Es un delito que afecta a numerosas mujeres y a sus hijos, y es el segundo tipo de agresión que padecen las mujeres, después de la violencia emocional.

El agresor puede incidir de dos formas frente a su pareja:

Él es el proveedor por excelencia. En la casa no falta nada, el refrigerador lleno, todos los servicios pagados… pero TODO es de él. Controla cada peso, supervisa todo lo que gasta la mujer, no le da efectivo (todo es con tarjeta, pues así vigila y controla los gastos), y  amenaza con quitarle todo, hasta con quedarse con los hijos.

Es aquel agresor que “vive de su mujer”, pero a pesar de que ella mantiene el hogar, éste se atribuye la postura de manejar todo el patrimonio como si fuera el dueño absoluto, y de esa forma,  fiscaliza y supervisa todos los gastos, ingresos y demás decisiones. El agresor actúa de una manera muy sutil: dice que no tiene dinero, que tiene que ayudar a su madre, que le robaron la cartera, que le bajaron el sueldo (nunca dice cuánto gana), algunos incluso tienen sus cuentas y bienes a nombre de otros.

—Diferencia entre violencia económica y patrimonial—

Económica

Son todas aquellas acciones u omisiones que afectan la economía y subsistencia de las mujeres, a través de limitaciones encaminadas a controlar el ingreso de sus percepciones económicas, en la restricción, limitación y/o negación injustificada para obtener recursos económicos.

Ejemplos:

La mujer no tiene acceso a una chequera ni tarjetas de crédito. Tiene que dar cuentas de todo lo que gasta. No puede participar en las decisiones económicas del hogar y si trabaja, tiene que entregar su cheque. Le niegan el dinero suficiente para que satisfaga sus necesidades elementales (comer, vestirse, actividades de recreación, un lugar digno para vivir o tener derecho a una clínica de salud); cuando los hombres se niegan a pagar una pensión alimenticia o no permitirle estudiar o trabajar para evitar que la mujer alcance su autonomía económica. El agresor le hace creer a la mujer que sin él, ella no podría ni siquiera comer y, mucho menos, reconoce el trabajo doméstico que ella realiza en el hogar porque considera que es “su obligación”.

Violencia Patrimonial

Son todas acciones u omisiones que ocasionan daños o menoscabos en los bienes muebles o inmuebles de las mujeres y de su patrimonio; Consiste en la sustracción, destrucción, desaparición, ocultamiento o retención de objetos, documentos personales, bienes, valores o recursos económicos, percepción de un salario menor por igual trabajo, explotación laboral, exigencia de exámenes de no embarazo, así como discriminación para la promoción laboral.

Ejemplos:

Se puede ejercer por medio del robo, del fraude y por la destrucción de objetos que pertenecen a la mujer. Quitarle las herencias recibidas o su salario, robarle objetos personales o bienes inmuebles, vender sus objetos personales o bienes sin su consentimiento, esconderle su correspondencia o documentos personales, poner los bienes a nombre de terceros, etc.

Efectos de la dependencia económica

Por lo general el abuso económico es desconocido por la mujer, quien lo descubre cuando se expresa mediante actos de violencia física. Uno de sus efectos son las relaciones de dependencia que se establecen entre la mujer y su proveedor económico. Si además de la violencia económica, la mujer es víctima de otros tipos de violencia, puede ser más difícil tomar la decisión de denunciar o abandonar a su pareja.

Tiene serias repercusiones sobre la autoestima y el empoderamiento de las mujeres. Muchas mujeres se convierten en mendigas en sus propios hogares, al tener que estar pidiendo dinero para cubrir las necesidades básicas de la familia. Cuando las mujeres se ven obligadas a asumir solas el cuidado y mantenimiento de los hijos debido a la irresponsabilidad de los padres, se vuelven más vulnerables a caer en la pobreza extrema, pues la mayoría no tienen empleo ni cuentan con otra fuente de ingresos

¿Qué hacer?

Reconocer la situación. En la mayoría de los casos, las mujeres piensan que son incapaces de salir adelante solas y terminan supeditadas a la autoridad masculina. Deben valorizarse, creer en ellas mismas y convencerse de que pueden obtener sus propios ingresos.

Prevención. Seguir creyendo que el dinero lo gana y lo administra el marido, y que la mujer debe acatar las decisiones impuestas por el varón, equivale a fomentar violencia, dependencia y abuso. Animar a las mujeres jóvenes a ser económicamente independientes, es darles herramientas para evitar que sean víctimas de violencia de género. Educar a los varones para entender que una pareja sana comparte la administración de los recursos con equidad y equilibrio. Se necesita generar una cultura donde se valore el trabajo de la mujer como digno y con igualdad.

Actualmente existen centros de atención y leyes que apoyan a las víctimas de cualquier tipo de maltrato.

MUJER:

Una mujer que no tiene independencia económica está  a merced de su verdugo, quien logra manipularla para ejercer sobre ella el poder que el dinero le otorga.

La violencia económica debe ser denunciada como los otros  tipos de violencia que afectan la integridad de las mujeres. Las leyes tipifican la violencia económica y patrimonial como un tipo de agresión intrafamiliar… es un maltrato igual que los demás.

Fuente: revistasoymujer