Archivos de la categoría 2.2.2 Violencia física

Las lesiones físicas directas:
• abrasiones: rozaduras, úlceras
• contusiones: lesiones, golpes, heridas, moretones
• quemaduras,
• traumatismos craneoencefálicos,
• fracturas múltiples,
• heridas por arma blanca,
• lesiones múltiples en diferentes estados de progreso (golpes internos, o sea en regiones no visibles)
• rotura de tímpano, lesión muy frecuente entre las víctimas.

Estas lesiones pueden conllevar a largo plazo algún tipo de discapacidad.

La violencia en la pareja está fuertemente asociada con problemas de salud física, incluyendo
• problemas ginecológicos,
• complicaciones durante el embarazo,
• síndrome del colon irritable,
• trastornos gastrointestinales,
• y varios síndromes de dolor crónico.

Violencia física

mujer-golpeada-1¿Alguna vez te ha golpeado o empujado tu pareja, mientras discuten?


¿Te ha llegado a pegar, disculpándose inmediatamente o alegando que tú lo provocaste?

Si ha sucedido una o dos veces, ten cuidado y evita que se repita.
Si lo ha hecho en varias ocasiones, se trata de un caso claro de violencia intrafamiliar.

Generalmente nos asusta descubrir síntomas de violencia en nuestra relación de pareja y tendemos a negarla o a quitarle importancia.
Pero una vez que se inicia el abuso físico, se incrementa y mantiene con facilidad.

Cuando empezamos a utilizar la violencia física, para controlar a una persona o cuando permitimos que la utilicen con nosotros, puede volverse parte “normal” de nuestra vida.

Para hablar de violencia o abuso físico, no es necesario que la persona a la que golpean resulte herida de gravedad, ni que se de todos los días.
Tampoco es un problema que se da, sólo en ciertas clases sociales o en personas con poca educación.

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Se considera violencia, cualquier tipo de agresión, que no sea accidental, en la que se usa la fuerza física.
Esta agresión puede ser con un objeto, arma, sustancia o con alguna parte del cuerpo (pies, puños, etc.) y abarca desde un empujón o golpe con la mano abierta, hasta cualquier lesión que cause incapacidad o muerte.

Creemos, equivocadamente, que la principal causa de la violencia intrafamiliar es la falta de control en el agresor, pero no es así.
Esa misma persona se controla ante sus amigos, jefe o compañeros de trabajo.
De hecho, puede ser una persona muy agradable socialmente, educada y muy amable con la gente en general.
La verdadera razón, es el deseo de tener un total control sobre la o las otras personas de la familia.

La persona a la que golpean, la consideramos como víctima, porque se encuentra indefensa debido a los sentimientos y actitudes que surgen del abuso físico.
El que golpea, es el agresor, porque agrede y lastima sin que tenga necesidad de hacerlo, simplemente por sentirse fuerte y poderoso.

—-Etapas de la violencia física—

La violencia hacia la pareja, en donde la mayor parte es hacia la mujer, se da en tres etapas:

1.-  La acumulación de tensiones.  Esta primera fase, se refiere al periodo de tiempo que se da antes de la violencia.
Su duración es muy variable y puede llegar a durar tanto tiempo, que la víctima ya no piense en la posible agresión.

Esta etapa empieza, casi siempre, como una pequeña irritación o malestar en el golpeador, que empieza a golpear objetos, aventar puertas, etc.
Estas acciones, aparentemente le sirven para descargar parte de la tensión que va acumulando, pero pronto se convierten en abuso verbal y físico.

Generalmente, la víctima busca evitar que la violencia crezca, tratando de apaciguar al agresor con acciones que le han ayudado en otras ocasiones o manteniendo una actitud pasiva, de aceptación, para disminuir la tensión y el coraje de su pareja.

Busca causas externas que le permitan justificar las agresiones y trata de evitar o modificar dichas situaciones.
Se siente culpable del abuso, niega o le quita importancia a sus sentimientos de rabia, dolor y/o impotencia y soporta todo, pensando que es lo único o lo mejor que puede hacer.

El agresor no intenta controlarse, porque está convencido de que su enojo está justificado.
Sin embargo, sabe que su conducta no es apropiada, por lo que su inseguridad, temores, celos, etc., se refuerzan.
Trata de evitar el contacto, con personas que puedan darse cuenta de lo que está sucediendo.

2.-Crisis o episodio agudo de violencia. Es el momento en que el agresor descarga físicamente la tensión acumulada.
La agresión y la violencia son abiertas y de gran intensidad.

La víctima está convencida de que es inútil tratar de escapar o de evitar las agresiones, por lo que piensa que la mejor actitud es la de no ofrecer resistencia.

De hecho, cuando la víctima cree que la violencia es inevitable, trata de provocarla, de manera inconsciente, para terminar con esa situación y con el temor que está viviendo y así, permitir que regrese la calma.
En ocasiones, la única manera de soportar el daño físico es la disociación, en donde la víctima se imagina que no es ella la que está siendo agredida.

Con frecuencia, después del ataque de violencia, la víctima puede caer en una actitud de negación e incredulidad o permanecer en un estado de depresión, desesperación y desesperanza.

Sus acciones, en cuanto a buscar ayuda o a abandonar a su pareja dependen, principalmente, de:

  • La vinculación afectiva con el agresor,
  • el miedo a las consecuencias,
  • el daño y amenazas hacia ella o sus hijos,
  • vivir con la esperanza de que no vuelva a suceder y
  • el “arrepentimiento” de su pareja.

En el agresor predomina un coraje de gran intensidad, el cual, aparentemente, lo “hace perder el control”.
Sin embargo esta es sólo su justificación.
Aun si está borracho o drogado, podría mantener el control, si así lo decidiera.

El agresor se detiene, sólo cuando ha descargado toda su tensión y estrés y siente que tiene el control total, por lo menos momentáneamente, de la otra persona.

La intensidad de la violencia, no depende de la conducta de la víctima, si se queda callada, grita, llora, etc., sino de las características y creencias del agresor.

3.-Arrepentimiento y reconciliación.  Durante este periodo, el agresor manifiesta su arrepentimiento con palabras, acciones o regalos y la promesa de que no va a volver a suceder.
De hecho, se le conoce como la etapa de la “luna de miel”, por el aparente cariño y preocupación que el agresor muestra hacia su pareja.
Ambos actúan como si nada hubiera sucedido.

La víctima necesita creer que no va a ser agredida nunca más, ya que su pareja realmente ha cambiado.
Esta fuerte necesidad la lleva a creer, que el amor que siente por su pareja puede superar cualquier problema y que con una actitud adecuada, puede ayudar a su pareja, creándose así, una situación de codependencia.

Con frecuencia, el problema no sólo no termina, sino que se da lo que se conoce como escalada de violencia, en donde la intensidad y duración de la agresión es cada vez mayor y la duración de la primera y tercera etapa, menor.
Mientras mayor sea la intensidad de la escalada, menos posibilidades de solucionar la situación.

Generalmente, el agresor se ve a sí mismo como una víctima de las circunstancias, en donde no tuvo otra opción.
Si el agresor es el hombre, puede considerar que, como tal, es quien debe controlar la relación y a su mujer, para no ser controlado por ella.

—Características del abusador y de la víctima—

El abusador es:

  • Controlador,
  • manipulador,
  • posesivo,
  • tiende a tener una muy baja autoestima,
  • se siente inferior a su pareja, en algún aspecto,
  • tiene poca capacidad para controlar sus impulsos,
  • está siempre a la defensiva y
  • con frecuencia, aunque no necesariamente, viene de hogares en donde la violencia era lo “normal”.

Puede tener miedo de perder a su pareja o familia y enmascara sus temores con la ira.

El problema real está relacionado con la intensa necesidad de sentir el poder y el control, por lo que un manejo enfocado en el control del coraje no es la solución.

¿Qué sucede en el abusador?

  • Niega la gravedad del problema,
  • cree que si la violencia es “de vez en cuando” no significa ningún problema,
  • justifica sus acciones culpando a la pareja, diciendo que ella lo provocó, que el es la verdadera víctima,
  • si viene de hogares con violencia, puede ser la única manera que conoce para resolver los problemas,
  • está convencidos de que no es malo, pero que perdió el control, y que su pareja, que ya lo conoce, debería haber evitado su enojo,
  • se justifica diciendo que el alcohol le hizo perder el control.

 

—¿Qué es lo que mantiene a la víctima, en esa relación?—

Generalmente la víctima tiene una baja autoestima y se percibe a sí misma sin ningún poder dentro de la relación.
Casi siempre se siente culpable del fracaso de su relación y su propia desvalorización, no sólo la hace verse a sí misma como loca o tonta, sino que la puede hacer dudar de sus propias percepciones, por lo que se siente incapaz de tomar una decisión.

El miedo y la vergüenza le impiden buscar ayuda y tiende a aislarse.
Con frecuencia está deprimida y se siente atrapada entre la violencia y su debilidad e impotencia.

Fácilmente puede caer en el uso del alcohol o la droga, en un intento de disminuir su sufrimiento.
Sufre cambios bruscos en su conducta y estado de ánimo y puede presentar conductas autodestructivas y una sumisión exagerada.
Oculta su codependencia detrás de su “amor” hacia su pareja.

Existen infinidad de razones por las que no abandona a su pareja:

 

  • No tiene recursos materiales,
  • iene miedo de la conducta de su pareja,
  • e siente incapaz de salir adelante, sobre todo si tiene hijos,
  • sus sentimientos de vergüenza la paralizan,
  • no tiene a quien recurrir,
  • creen que existe la posibilidad de que las cosas realmente mejoren, sobre todo si la primera etapa se alarga,
  • vienen de un hogar en donde la violencia era parte de la vida diaria y creen que así son las cosas,
  • están tan deprimidas que no tienen energía para actuar,
  • la pareja las ha amenazado con matarlas o dañar a los hijos, si se van o comentan lo que sucedió.

 

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